Cómo hablar con los niños sobre educación sexual

La educación sexual que los adultos SI debiésemos dar a nuestros hijos

Muchas veces, los adultos piensan que hablar de sexo con sus hijos, se relaciona con entregarles información respecto a partes del cuerpo, que hacer o no hacer, embarazos no deseados o infecciones de transmisión sexual. Sin embargo, más allá de esto, nuestros hijos también necesitan guía, reflexión y apoyo, respecto a los desafíos que se enfrentan al ir armando sus primeros vínculos con el grupo de pares. Esto, influye de forma determinante en su confianza sexual, cosa que no se aprende en los libros.

Por lo tanto, como padres necesitamos ampliar el concepto de sexualidad, reconociendo la importancia de nuestro apoyo/influencia, en la formación de la identidad sexual de los niños, en la consciencia de su propio cuerpo y en la conformación de valores, viviendo una sexualidad (en el amplio sentido) que sea acorde a estos.

Esto se logra, haciéndonos cuidadosamente participes, en el cómo lidian con los cambios corporales (¡tenemos que empatizar con la espinilla del púber!), con sus reacciones emocionales, sus dificultades en las relaciones interpersonales, las expectativas sociales y los valores. Construir con ellos una relación tal, que nos permita guiar sus preguntas a través del tiempo y donde ellos puedan revelar sus vulnerabilidades, es lo que marca la diferencia. Propiciar un espacio donde puedan surgir preguntas como estas: ¿Soy bonita? ¿soy lo suficientemente atractivo? ¿está bien mi cuerpo? ¿mis pechugas son muy chicas/grandes o están bien para mi edad? ¿qué puedo hacer con un compañero que me molesta en el colegio? En mi curso dicen que los hombres de verdad ya nos deberíamos haber acostado al menos una vez ¿qué pasa entonces conmigo? ¿tengo algún problema? ¿soy normal?

Es importante tener presente, que una relación como la recién descrita, no es igual a ser “amigos” de nuestros hijos. Ellos necesitan limites desde la autoridad (no desde el autoritarismo); desde la responsabilidad, planteados en una relación afectiva, no impositiva y de aceptación. Los niños buscan los limites como una forma de reducir la angustia y luego, en la adolescencia, para transgredirlos y autodefinirse.